Mi princesa



Que milagro tiene que pasar
para que me ames
que estrella del cielo a de caer
para poderte convencer
que no sienta mi alma sola
quiero escaparme de este eterno anochecer.

Dice mucha gente que los hombres nunca no lloran
pero yo he tenido que volver a mi niñez una vez mas
me sigo preguntando
por que te sigo amando y dejas desangrando mis heridas

No puedo colmarte ni joyas ni dinero,
pero puedo darte un corazón que es verdadero
mis alas en el viento, necesitan de tus besos acompáñame en el viaje que volar solo no puedo

Y sabes que eres la princesa de mis sueños encantados
cuantas guerras he librado por tenerte aquí mi lado
no me canso de buscarte
no me importaría arriesgarte
si al final de esta aventura yo lograra conquistarte


Y he pintado a mi princesa en un cuadro imaginario
le cantaba en el oído susurrando muy despacio
tanto tiempo he naufragado y no se que no fue en vano, no he dejado de intentarlo
porque creo en los milagros


Sigo caminando en el desierto del deseo
tantas madrugadas me perdido en el recuerdo
viviendo el desespero
muriendo en la tristeza por no ver cambiar ese destino


No puedo colmarte ni joyas ni dinero,
pero puedo darte un corazón que es verdadero
mis alas en el viento, necesitan de tus besos acompáñame en el viaje que volar solo no puedo


Y sabes que eres la princesa de mis sueños encantados
cuantas guerras he librado por tenerte aquí mi lado
no me canso de buscarte
no me importaría arriesgarte
si al final de esta aventura yo lograra conquistarte


Y he pintado a mi princesa en un cuadro imaginario
le cantaba en el oído susurrando muy despacio
tanto tiempo he naufragado y yo se que no fue en vano, no he dejado de intentarlo
porque creo en los milagros

ELVIRA LINDO OPINIÓN Un niño de la mano

Las personas despistadas vivimos en permanente estado de alerta. Nuestra mente, refractaria a la concentración en el presente, viaja siempre a otro lugar distinto del que nos encontramos. Una persona despistada es alguien que camina en un estado parecido al sonambulismo; así que, cuando oímos en la calle el ruido de un claxon que nos avisa de que estamos cruzando en rojo, nuestro corazón se acelera y durante la media hora siguiente nos hacemos el propósito de corregir este maldito carácter al que estamos condenados. Los despistados patológicos vivimos llenos de miedos. Mis miedos neoyorquinos se resumen en: que me pille un taxi, que me arrolle un coche de bomberos (desde que el 11-S los convirtió en héroes dan pavor), que me pille un coreano repartidor con la bicicleta, que me caiga en uno de los agujeros de almacenaje que están a la puerta de las tiendas y, por último, y no menos importante, que un niño me acuse de estarle molestando. Todos los miedos son intercambiables con miedos españoles: dada la chulería de muchos conductores madrileños es fácil imaginar que una puede morir bajo las ruedas de un conductor impaciente. Pero hay un miedo exclusivamente americano: el miedo que provocan los niños. Ayer se me cruzó uno de esos seres de cinco años por medio y casi caímos el uno encima del otro. ¡Maldita sea, hubo contacto físico! Dicha criatura se levantó sin dejar que le ayudara y me miró con gesto acusador: no sólo por el tocamiento (menuda palabra), sino por la sorpresa insoportable que debía producirle entablar comunicación con una desconocida. Cuando se habla de las diferencias culturales se suele obviar ésta, que es, en mi opinión, la más llamativa. El desastre educativo, que aquí se ha convertido en un debate de primera línea, se fecha en el inicio de los setenta. En España (no quiero repetirme) podría situarse igual, pero esa fecha está infectada aún por el franquismo y no conseguimos olvidar esa circunstancia para buscar otras causas a esa decadencia, que compartimos con otro país y que están más relacionadas con pedagogías equivocadas. Pero la principal diferencia en el trato que mantenemos con los niños y que de manera tan brutal influye en el carácter americano comienza aquí mucho antes. Desde el minuto cero. En las últimas semanas he leído artículos sobre la educación en las guarderías, concretamente sobre cómo el juego puede adiestrar en el manejo del autocontrol. Si a una criatura de cuatro años se le dice, contaba el estudio, que se esté quieta en un rincón, no puede aguantar más de un minuto, si se le dice que es el centinela de un castillo, el chavalín puede permanecer hasta cinco. Me sorprende el interés que generan esos artículos, cómo el americano instruido está comenzando a replantearse de manera autocrítica su manera de relacionarse con los hijos. El interés es tal, que esta semana, en la sección de ciencia del NYTimes, al lado de un artículo para iniciados sobre la lógica del caos había otro, tratado con la misma consideración, sobre la escasa interacción que tienen los padres con los niños hasta los cinco años. El artículo era prolijo en consejos, consejos tan de cajón que recordé la frase de Martin Amis que el otro día destacaba este periódico: "El sentido común se ha vuelto revolucionario". Qué curioso que esa frase de Amis pueda cruzar fronteras hoy en día y conservar su validez. En ocasiones, hay lectores que me escriben dándome las gracias por mi sentido común. Y a mí, que aún conservo la inercia juvenil de revolverme ante esas dos palabras, "sentido común", me invade de pronto la melancolía: ¿será el sentido común una consecuencia de la edad, algo como las patas de gallo? Plenas de sentido común eran las palabras de los psiquiatras que citaba el artículo, cosas que cualquiera puede observar: padres hablando por el móvil cuando llevan a sus hijos en el cochecito, madres enganchadas a la Blackberry mientras ayudan al crío a subirse al tobogán. Al niño hay que hablarle, mirarle a los ojos, pedirle que te mire, a ti y a los desconocidos, hay que jugar con el lenguaje, cantar, añadir palabras a su vocabulario. En realidad, es lo que siempre se ha hecho, ¿no? Los niños americanos van en cochecito a unas edades ridículas. Parecen paralíticos. ¿La razón? Es más cómodo para sus padres. Un niño andando siempre es lento y despistado. La pena es que esos padres no calibran lo que están perdiendo. Muchos de ustedes recordarán ese momento de la vida que el paso del tiempo convierte en irrepetible: llevar a tu hijo de la mano cuando tiene cuatro, cinco años, esa edad en la que el niño anda y habla, pero aún conserva todo su pensamiento mágico. Su lenguaje posee una salvaje cualidad poética: coloca palabras recién aprendidas en lugares inadecuados, como si las sacara del horno antes de tiempo, pronuncia mal algunas otras, disfruta señalando cosas que quiere que le nombres y despliega la lógica de un pensamiento riquísimo en el absurdo. Nada más emocionante que un niño de tu mano. Su tacto tierno y mullido. Sus primeros olores escolares, el babi. Algo falla en las personas que no lo saben apreciar. En mi caso, aquellos lentísimos paseos de la guardería a casa han sido los momentos más añorados de mi vida. Ya digo, por irrepetibles.
Elvira Lindo

Elvira Lindo

A FONDO

Nacimiento:23-01-1962
Lugar:Cádiz




fuente: diario el pais

Reflexiones sobre el Método Estivill realizadas por Rosa Jové


1-No estoy en contra del método. Simplemente quiero lo mismo que se les
pide a otros métodos o fármacos; es decir, que alguien me demuestre que no son perjudiciales para la salud.
De momento no hay ningún estudio que demuestre que a los niños que se les ha aplicado este método no tengan secuelas psicológicas de mayores. En cambio hay estudios científicos importantes (Spitz, Harlow, Bolwby,
Mckenna,....) sobre lo perjudicial que es dejar llorar a los niños, no
consolarlos, dejarlos solos, etc....
El día que me demuestren que no es perjudicial para la salud quizás lo
recomiende, mientras tanto......no.

2-No estoy en contra del método. Simplemente quiero que me demuestren lo que dicen.
No hay en todo el libro de Estivill una nota bibliográfica de ningún
estudio y de ningún autor que avalen sus palabras. Me enseñaron en la
universidad que todo trabajo científico debe ir acompañado de estudios y
citas que avalen lo que uno dice; en caso contrario, no es ciencia, sino
periodismo. Por cierto..... ¿Por qué un hombre de "ciencia", como Estivill,
elige a una periodista, como Silvia de Béjar, para escribir su libro?
El día que me demuestren lo que dicen quizás lo recomiende, mientras
tanto....no.

3-No estoy en contra del método. Simplemente quiero que me demuestren que sirve para solucionar los problemas del sueño.
Estivill dice en el prólogo de su libro que funciona en el 96% de los casos
(sin citar ningún estudio que avale sus palabras, ¡claro!). En cambio en el
capítulo VI cita que hay problemas que no tiene solución como las
pesadillas (45% de niños), el sonambulismo (15%), etc. ... A ver, repasemos matemáticas. Si del 100% de niños con problemas de sueño (donde se supone que incluye a los de las pesadillas) el 96% se "curan" con el método, pero el 45% del 100% no pueden ser curados...... hay algo en esta suma que me falla. O me sobran niños o me faltan curaciones.
¿Qué pasa? Pues que Estivill no tiene la solución para los verdaderos
problemas del sueño. Solo trata esos casos leves de niños que tienen
necesidad de sus padres para dormir (cosa que se cura sola con el tiempo).
Lo único que les "enseña" a los niños con su método es a darse cuenta de
que nadie les hará caso y, por lo tanto, a la larga aprenden a no quejarse
más. Muchos ni siquiera se duermen enseguida, sino que se quedan quietos en silencio.
El día que me demuestren que sirve para solucionar los problemas del sueño quizás lo recomiende, mientras tanto....no.

4-No estoy en contra del método. Simplemente creo, como hacemos la mayoría de profesionales de la salud, que ante un diagnóstico es de elección el tratamiento menos agresivo para la persona.
Ante un niño que todavía necesita dormir en compañía o que le duerman, hay muchas cosas que funcionan, entre ellas el mecerlos, el dormir acompañados o el dejar pasar el tiempo. La mayoría de problemas se resuelven solos, y ¡total! si el método es tan bueno, funcionará igual a los pocos meses que a los 3 años (época en la que se suelen solucionar gran parte de los problemas). ¿Por qué empezar con el que hará sufrir más a nuestro hijo?
El día que me demuestren que es el único método que funciona en estos casos (o el menos agresivo) quizás lo recomiende, mientras tanto......no.

5-No estoy en contra del método. Simplemente me pregunto ¿qué método?
Desde Valman hasta Estivill conozco varios autores que se han adjudicado la autoría del método en los últimos 30 años. El que mejor lo ha desarrollado es Ferber (de hecho, menos en España, en todo el mundo a nuestro supuesto método Estivill, le llaman método Ferber). Si tiene la oportunidad de ojear su libro "Solucione los Problemas de Sueño de su Hijo" (Ed. Medici), en la página 91 verá publicado el método "Estivill" 5 años antes de que el primer "Duermete niño" apareciera en el mercado.
¡Ah! ¡Por eso lo escribió una periodista! Estivill simplemente hizo de
intermediario: cogió las ideas de Ferber y se las dio a Silvia de Béjar.

El día que me demuestren que el método Estivill no es una estafa quizás lo
recomiende, mientras tanto......no.

6-No estoy en contra del método. Simplemente tengo una lista con 10 o 15 preguntas más que me quedan sin contestar.
Soy persona de ciencia (o lo intento) y necesito respuestas antes de hacer
llorar a mi hijo.
El día que me den todas las respuestas que necesito quizás lo recomiende,
mientras tanto..... intente no creer todo lo que la publicidad dice.
Busque, investigue y pregúntese. Sus hijos lo merecen.


Reflexiones sobre el método Estivill de Rosa Jové, psicóloga clínica y
psicopediatra, para enseñar a dormir a los niños.

Malcriar

Malcriar significa criar mal, con poco cariño, sin cubrir las necesidades básicas del niño. La relación con otras personas, particularmente con la madre, es una necesidad básica del ser humano. Por exceso de cariño no se educa mal a nadie.

Mamá..

* Mamá es esa señora con bigote y trencitas en los pelos de las
piernas que jura que en cuanto tenga un huequito, sólo uno, se depila.

* Mamá es esa señora que lleva en el bolso un pañuelo con mis
mocos, un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia.

* Mamá es ese cohete tan rápido que va por casa disparado y que
está en todas partes al mismo tiempo

* Mamá es esa malabarista que pone lavadoras con el abrigo
puesto mientras le abre la puerta al gato con la otra, sosteniendo el
correo con la barbilla y apartándome del cubo de basura con el pie.

* Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso

* Mamá es esa forzuda capaz de coger en un solo brazo mis 15
kilos mientras con el otro entra el carro lleno de compra

* Mamá es esa campeona de atletismo capaz de llegar en décimas
de segundo de 0 a 100 para evitar que me descuerne por las escaleras

* Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una
caricia

* Mamá es esa señora con el pelo de dos colores, que dice que en
cuanto tenga otro huequito, sólo otro, va a la pelu.

* Mamá es ese cuentacuentos que lee e inventa las historias más
divertidas sólo para mí

* Mamá es esa cheff que es capaz de hacerme una cena riquísima
con dos tonterías que quedaban en la nevera porque se le olvidó comprar,
aunque se quede ella sin cena

* Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre,
cuánta, y lo que tiene que hacer

* Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace
cientos de años para que yo vaya bien guapo

* Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más
dulce mientras me acuna un ratito

* Mamá es esa payasa que hace que me tronche de risa con solo
mover la cara

* Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de
la mañana, mirar si me he hecho pis, cambiarme el pañal, darme jarabe
para la tos, un poco de agua, ponerme el chupete, todo a oscuras y sin
despertarse

¿La ves? Es aquélla, la más guapa, la que sonríe

"La revolución de las madres": nuevo libro de Laura Gutman


Amar y ser amado son cualidades básicas del ser humano.
Las madres y los padres que hemos tenido la capacidad y el apoyo para permanecer disponibles para nuestros hijos, sabemos que los niños son generosos y que favorecen el bienestar de los demás por sobre el propio. Los niños amados y amparados son pacientes, comprensivos y respetuosos.
Ellos entienden el mundo tal como lo viven: dentro del amor y la dedicación, lo sienten como amoroso e infinito, aunque en el desamparo y el vacío afectivo, lo experimentan como un lugar hostil del que hay que protegerse. Reconozcamos entonces que las madres tenemos la posibilidad de nutrirlos amorosamente, permaneciendo corporal y afectivamente disponibles para ellos. Parir, amamantar, criar, llorar, desesperar, morir y resucitar se convierten en un hábito cotidiano cuando el niño pequeño se mantiene apasionadamente adherido al cuerpo materno. No importa que hayamos tenido vidas difíciles. Cada día es una nueva oportunidad para mirar a un niño y saber que está deseoso de alimentarse de nuestra sustancia materna. No hay revolución más verdadera, amorosa, pacífica y permanente.
Fuente: Laura Gutman

El 17% de los niños y adolescentes tienen trastornos de conducta

Según un estudio realizado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria el 17 por ciento de los niños y adolescentes españoles padecen algún tipo de trastorno de conducta.

Estos datos (tan escalofriantes) han sido presentados en el XXII Congreso de esta sociedad, celebrado en Arona (Tenerife) los días 16 al 19 del presente mes y forma parte de un análisis realizado por cerca de 200 pediatras basándose en un test diseñado para detectar, de manera precoz, trastornos de conducta en los niños.

Esta prueba, llamada test de Eyber, permite detectar factores como las causas de los trastornos o lo grupos de riesgo y ha sido definido como una herramienta muy útil para los pediatras que demandaban una utilidad similar para realizar las valoraciones psicológicas necesarias para obtener resultados fiables.

No conozco el test ya que está recién presentado, pero sí conozco los resultados que han obtenido. Las tasas comentadas ya han aparecido en otros estudios incluso con peores resultados (he llegado a oír uno de cada cuatro niños tienen problemas psicológicos).

Las causas seguro que son muchas y muy diversas, pero no hace falta ser muy avispado para ver que esto va en aumento en los niños, en los adolescentes y en la población adulta. Algo ha de cambiar en nuestra concepción de la sociedad y en nuestra manera de educar y criar a nuestros hijos si ya de pequeños tienen este tipo de problemas.

Unicef lo dijo hace poco, hace falta más conciliación familiar. Los niños pasan demasiado tiempo solos, sin sus padres y demasiado tiempo ocupados en extraescolares diversas, en deberes y en ocupaciones casi obligadas que hacen que hayan perdido el tiempo para hacer aquello que más necesitan: jugar.

Les estamos robando su niñez y su infancia y enseñando que el cariño y el contacto, lo que nos hace humanos y personas, es casi un bien preciado a menudo inalcanzable que sustituimos con bienes materiales (los adultos hacemos lo mismo).

Parece que no escarmentamos. Vamos a peor y sin embargo nos creemos a pies juntillas que los niños deben pasar por un régimen casi dictatorial y de falta de afecto para hacerles personas duras y firmes, independientes y autosuficientes.

Lo que estamos consiguiendo es que los niños estén tristes e infelices porque realmente necesitan cariño y no quieren estar solos, pero creen, por lo que se les enseña, que lo que sienten está mal y que deben aprender a no necesitar a los demás y a no necesitar demasiado cariño.

Tiempo al tiempo, las consultas de salud mental aumentan a diario y ya no es extraño ver a niños/as de 9 años con crisis de ansiedad. Quizás debamos detener el reloj y mirar qué estamos haciendo mal o qué podríamos hacer mejor.

Fuentes:
- La Opinión

Melendi - Un violinista en tu tejado

Hermanos: la ventaja de crecer juntos

A las mujeres nos sucede con frecuencia que, embarazadas por segunda vez, tenemos la sensación y el temor de que no podremos amar a un “otro” tan profundamente como amamos a nuestro hijo ya nacido. Es tal la potencia del amor, la vivencia completamente nueva desde que hemos devenido madres, que creemos que será irrepetible tamaña intensidad. Sin embargo, el corazón de las madres no se divide, sino que se multiplica con cada hijo que nace. Esto lo comprobamos recién cuando el segundo hijo ha nacido y el amor se instala con la naturalidad y el derroche de antaño. Una vez que hemos comprobado que no hay peligro, que podemos amar a dos hijos, luego a tres o a cuatro…desplazamos ese temor en nuestros propios hijos: suponemos que “ellos” no podrán amar a otro. Y que la presencia de un hermano, necesariamente será en detrimento de no sabemos bien qué, pero que será vivido como un hecho negativo para ellos.

A partir de ese momento, cualquier actitud molesta del niño, cualquier rabieta, llanto, enfermedad, mal humor, enfado, insatisfacción o inquietud, la interpretaremos desde el punto de vista del dolor o la incomodidad que supuestamente le ocasiona el hermano. Sin embargo, todos sabemos internamente que no hay nada más maravilloso que el nacimiento de un hermano, que es el ser más par, más cercano, más “hermanado” que tendremos a lo largo de la vida. Y si los padres decidimos tener más hijos para amarlos, lo lógico es compartir ese fin con nuestros hijos ya nacidos para ampliar y aumentar nuestro campo de amor.

La hermandad como experiencia concreta puede llegar a ser una de las vivencias más extraordinarias para un ser humano. Sin embargo tener hermanos no es garantía de que esos lazos de amor y proximidad emocional se instalen. Ni siquiera influye positivamente o negativamente que tengan poca diferencia de edad entre ellos o mucha, que sean del mismo sexo o que compartan habitación. La hermandad en su sentido profundo podrá desarrollarse siempre y cuando los padres sean capaces de atender las necesidades de unos y otros sin rotularlos, sin encerrar a cada hijo en un personaje determinado, sin considerar que uno es bueno y otro malo, uno inteligente y otro tonto, uno veloz y el otro lento. Esas afirmaciones aparentemente inocentes que los adultos perpetuamos durante la crianza de los niños, las utilizamos sin darnos cuenta para asegurarnos un rol estático para cada uno. Cuando un niño comprende que según sus padres es inteligente, o responsable o distraído o agresivo o terrible, intentará asumir ese papel a la perfección. Es decir, será el más terrible de todos o el más valiente de todos. Habitualmente cada hermano tendrá asignado un personaje para representar, alejándolo de ese modo de su propio ser esencial y también del ser esencial de cada uno de sus hermanos.

Por eso, nos corresponde a los padres estar atentos y observarlos limpiamente, en lugar de interpretar subjetivamente cómo creemos que son cada uno de ellos según nuestra perspectiva. Si insistimos en nombrar una y otra vez que tal es obsesivo, el otro es enfermo o el último es alegre, sólo lograremos provocar distanciamiento entre los hermanos, ya que se sentirán demasiado diferentes unos de otros. En cambio, si nos interesa ayudarlos a instalar la hermandad, será menester escuchar y comprender a cada hijo. Luego podremos traducir con palabras sencillas lo que hemos entendido acerca de ellos, acercando esos pensamientos al resto de nuestros hijos. De ese modo colaboraremos para que cada niño incorpore otros puntos de vista, otras vivencias y otros registros y pueda entonces amar a sus hermanos porque los ha comprendido.

La hermandad se instala entre los hermanos si los padres trabajan a favor de ella. La hermandad surge de la proximidad afectiva, del cariño, del deseo de ayudar, sostener, acompañar y nutrir. La hermandad se construye desde el día en que un niño ha nacido si los hermanos se saben imprescindibles para el recién nacido. Los niños mayores serán capaces de desviar sus intereses personales hacia el pequeño, sólo si sus necesidades básicas de protección, cuidados y mirada han sido satisfechas. Si el amor circula en la familia, cada nuevo miembro es una bendición, sin importar la diferencia de edad o las circunstancias familiares en las que se produce la aparición del niño. Nuestros hijos aprenderán a amar a sus hermanos si los incluimos en el mismo circuito de amor y dicha. Si demostramos la felicidad por la nueva presencia, si participamos todos en los cuidados del niño más pequeño, si respondemos a su vez a las demandas y necesidades específicas de los niños mayores y muy especialmente, si esos niños mayores están acostumbrados a ser mirados y escuchados genuinamente por sus padres. Es decir, las bondades de la hermandad podrán desplegarse dentro de una familia, si antes cada hijo se siente amado, importante a ojos de sus padres y especial.

Por el contrario, si los niños perciben sufrimiento, soledad, apatía o abandono emocional, el bebé recién nacido no logrará hacer crecer en sus hermanos la empatía ni el cariño. Ningún niño estará en condiciones de alimentar afectivamente a un hermano si está hambriento de cuidados, por más que sea mucho mayor en relación al pequeño o porque sus padres se lo demanden. De nada vale teorizar sobre el bien ni sermonear sobre lo que es correcto hacer, ya que cada niño podrá asumir espontáneamente el amor hacia los hermanos, sólo si realmente siente que el amor abunda a su alrededor. Y en todos los casos, somos los padres quienes tenemos la responsabilidad de la nutrición amorosa.

Amar a los hermanos no es un tema menor. Cuando tenemos la dicha de vivir la experiencia de la hermandad dentro de casa, luego podemos trasladarla a los demás vínculos humanos y sentir que casi cualquier persona puede constituirse en un hermano del alma. Y si es nuestro hermano del alma, no dudaremos en dar la vida por él. Ese derroche de amor y generosidad brotará de nuestro corazón si la hemos aprendido en la sencillez de la infancia.

otro texto de Laura Gutman
http://www.lauragutman.com.ar/articulos.html hasta la página de entrecomadres.

Herbert Spencer

"El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás."